
Lo confesó la
actriz (46) el domingo 15 a la madrugada, luego de la fiesta para 170 invitados
en la que unió su vida con la de Fabián Mazzei (48), rodeada de familiares y
afectos. Los detalles de una ceremonia cinematográfica que incluyó la rotura de
copa (una costumbre de la cultura judía), escenas de la ficción 1000 millones
que compartieron en 2002, fuegos artificiales, un recital de Flor Torrente y la
entrega de Ara al novio de manos de Tomás Kirzner.
"SI,
QUIERO"
Pasadas las siete
y media de la tarde –cuando el sol ya empezaba a caer–, se escucharon los
primeros acordes de "Now We Are Free", el tema de la película
Gladiador, y Fabián hizo su aparición –de impecable smoking– en la puerta del
palacete, seguido por cuatro caballeros de honor. Detrás de ellos, Florencia
Torrente, la hija de Araceli, llevó la punta de las damas de honor. Katia, una
de las integrantes del cortejo, anunció que el gran momento estaba por llegar
cuando desfiló por la pasarela un cartel que decía: "Viene la novia".
Del brazo de su hijo Tomás Kirzner y visiblemente emocionada, Ara caminó al
encuentro del hombre de su vida, mientras sonaba la canción de Cinema Paradiso.
La ceremonia,
oficiada por Lito Dorfman, empezó con el relato de una fábula elegida por los
novios. "Cuentan que dos enamorados fueron a ver a un sabio para pedirle
una fórmula, un conjuro, algo que les asegurara que su amor sería eterno. El
sabio los escuchó, los miró a los ojos y solamente les dijo una palabra:
‘Amense’ (…). Amar es una elección, es dedicación y entrega, es admirar y
valorar (…). Por sobre todas las cosas, cuiden ese amor, les recomendó antes de
que partieran…". Araceli y Fabián, siempre tomados de la mano, se miraron
a los ojos y sonrieron cómplices. Tres velas sobre el altar esperaban el gran
momento. Las madres de los novios, Rosita y Jacinta, fueron las encargadas de
encender dos de las velas y los enamorados, la restante. Adrián González
–hermano de Ara– y Rodolfo Rosasco –íntimo de Fabi– fueron nombrados
"custodios" del pacto de amor que se celebraba esa tarde. Antes de
los anillos, firmaron un pergamino que llevaba impresa la frase: "Amar es
encontrar en la felicidad del otro la propia felicidad". Estamparon la
firma los novios, sus madres, los "custodios", las damas y los
caballeros de honor y llegaron las alianzas. "Sos la persona que curó mi
casa, curó mi alma, amó a mis hijos y me respeta. Estoy inmensamente feliz de
estar al lado de un hombre como vos. Te amo", le dijo Araceli a Fabián
antes de ponerle el anillo. Hubo un gran beso y un aplauso de los presentes.
"Siento que la vida nos eligió, es el destino que nos juntó nuevamente
porque yo creo en la existencia de vidas pasadas. Creo también que nos vamos a
seguir juntando por todas las vidas que vengan. Te quiero, te amo",
respondió él, y el "Ave María" colmó el lugar. Aún quedaba un último
ritual: romper la copa con un fuerte pisotón. "Dale duro", le gritó
Florencia a Fabián, y así lo hizo. Orgulloso y con una enorme sonrisa, mostró a
todos la bolsita bordó que contenía los cristales rotos. "Viva la
vida", de Coldplay, fue el broche musical para verlos caminar convertidos
en marido y mujer, mientras los invitados les arrojaban pétalos a su paso. Todo
salió como lo habían ensayado una semana antes en la casa que comparten en
Pilar.
ESPERAR A LOS
RECIEN CASADOS
Mientras los
novios hacían los posados de rigor, los 190 invitados disfrutaban de los
primeros tragos y delicias en los camastros blancos y las pequeñas mesas
ubicadas a orillas de la laguna. Allí había un "mozzarella-bar",
regalo de Donato De Santis, donde se podía degustar los quesos, con hongos y
morrones asados en aceite. Además de las bandejas con langostinos, bocaditos de
salmón, guacamole, tarteletas de espuma de queso brie y paté sobre láminas de
manzana, entre otras delicias, que formaron parte del cóctel de la recepción.
Ya era de noche y las luces, dispuestas como guirnaldas, iluminaban el lugar.
"Les pido un momento de su amable atención", dijo Florencia micrófono
en mano. "¡Démosles la bienvenida a los novios!", y acto seguido
empezó a cantar "Love", de Frank Sinatra. Araceli y Fabián avanzaron
hasta encontrar un lugar preferencial frente al improvisado escenario. Después
de saludar a sus parientes y amigos, la novia fue por su segundo vestido de la
noche. "Chau, me voy a cambiar y vengo, no se vayan, ¡eh!", exclamó
entre risas.
EL SALON AZUL
Dos livings –uno
con fotos de Araceli y otro con imágenes de Fabián– se presentaban como
antesala de la gran carpa iluminada por más de 1.500 velas de diferentes
alturas. "Ara quería recibir a sus invitados como si fuera su casa. Ese
fue el primer objetivo: crear un espacio cálido en el que se sintieran
cómodos", contó a ¡Hola! Argentina Guillo D’Aiello, encargado de la
ambientación. La mesa de los recién casados se destacaba por tres grandes
Chandelier, de cinco brazos adornados con perlas de cristal. Cuando todos
estuvieron ubicados en sus respectivos lugares, llegó el primer video de la
noche que empezó con una escena de la novela Mil millones, donde se los veía a
Ara y a Fabián en una situación cotidiana y él le decía: "Quién te dice,
quizás algún día pase algo entre nosotros". En ese entonces corría el año
2002, y sin que ellos lo supieran, era un presagio de esta historia de amor que
ya lleva seis años. Entonces entraron los novios, la carpa explotó de música y
salieron todos a bailar.
El menú de la
comida incluyó burrata fresca, sobre de rúcula y peras caramelizas como
entrada; solomillo de cerdo, chutney de damascos y peras y aumonière de puerros
al gruyère; y como postre, apple crumble con helado de crema americana. Después
del plato principal, hubo otro video con fotos de los recién casados,
familiares y amigos y, acto seguido, Florencia volvió a cantar, esta vez
acompañada en algunos temas por su amigo Felipe Colombo. El clásico vals y el
brindis fueron otros de los momentos inolvidables de la noche. "Los que
están acá es por algún motivo especial y por eso queremos darles las gracias de
todo corazón. Disfruten de la fiesta", dijo Fabián y levantó su copa de
Kir Royal.
FIN DE FIESTA
A las 4 de la
mañana y después de la mesa dulce, hubo un show de fuegos artificiales que
iluminó la laguna y el campo. Aún quedaba tiempo para seguir bailando. Cuando
empezó a amanecer, algunos emprendieron la retirada. En un antiguo ropero
ubicado fuera de la carpa –en uno de los livings– estaban los souvenirs: cajas
de té de un blend especial ("Spicy Chic") inspirados en los novios y
creado por Inés Berton.
Al día siguiente,
Araceli y Fabián agasajaron a treinta íntimos –que se quedaron a dormir en la
estancia– con un asado. Les queda un viaje familiar (no quisieron revelar el
destino) con Florencia y Tomás para pasar las fiestas. La luna de miel será en
julio del año que viene.
Hola
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